II Domingo del Tiempo Ordinario (16 de enero 2022) – Ciclo C

Haced lo que él le diga”.

Isaías 62, 1-5; Sal 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 9-10a; Corintios 12, 4-11; San Juan 2, 1-11

Este segundo domingo siempre ha sido un domingo de transición que ha tenido como marco los capítulos primeros del evangelio de Juan, que es leído, normalmente, en los tres ciclos, durante el tiempo de Cuaresma y Pascua.

En tal sentido el presente domingo del tiempo ordinario la Palabra de Dios nos descubre la relación de Dios con su Pueblo bajo las hermosísimas imágenes de las nupcias y de los carismas. Isaías ilustra la relación a través del desposorio con “mi favorita” en una nueva era de salvación.

Conceptos y palabras fuertes son las que podemos oír en este bello poema profético (que debemos leer desde 61,10): amor, justicia, salvación. Es como la descripción de la boda de un rey victorioso con su esposa, que en este caso es Sión, Jerusalén. La boda, en realidad, es una victoria, la victoria de la justicia (sdqh). Esa es su corona y su triunfo: desposar a la amada Jerusalén.

Por su parte, el principio unificador de los carismas expresados por san Pablo en la Carta a los Corintios es el Espíritu Santo. Es decir, hoy encontramos la teología de los carismas en la comunidad. Este texto está elaborado por dos conceptos que se atraen: unidad y diversidad. Hay diversidad de carismas, de ministerios y de funciones, pero en un mismo Espíritu, en un mismo Señor, en un mismo Dios (he aquí la unidad). Pero sobresale el papel del Espíritu como fuente inmediata de los carismas, servicios y actuaciones.

Estamos ante una teología que pone de manifiesto la vitalidad de una comunidad cristiana donde el Espíritu (como el vino nuevo de la vida) concede a cada uno su papel en el servicio en beneficio de los otros: unos predican, otros alaban, otros consuelan, otros profetizan, otros se dedican a los pobres y desheredados; todo bajo el impulso del Espíritu de Jesús.

En cuanto al evangelista Juan, Caná ocupa un lugar significativo en su obra. Es el pórtico del primer signo que va a manifestar a aquellos que ha llamado para que estuvieran con Él y luego anunciarán la Buena Noticia del Reino. El relato, de una alta teología cual águila en los cielos, siempre es desconcertante y novedoso como Palabra de Dios que es. Jesús y María son su centro de atención.

Es notable la cantidad de aspectos y detalles en este evangelio. Por ejemplo:

Jesús y su madre llegan por caminos distintos a estas bodas; falta vino en unas bodas, lo que es inaudito en una celebración de este tipo, porque desprestigia al novio; la madre (no se nos dice su nombre en todo en relato, ni en todo el evangelio) y Jesús mantienen un diálogo decisivo, cuando solamente son unos invitados; incluso las tinajas para la purificación (eran seis y no siete) estaban vacías.

Es de notar que María actúa, más que como madre, como persona atenta a una boda que representa la religión judía, en la que ella se había educado y había educado a Jesús. No es insignificante que sea la madre quien sepa que les falta vino.

Jesús, pues, ante el ruego de las personas fieles, como su madre, que se percatan del vacío existente, adelanta su hora, su momento decisivo, para tratar de ofrecer vida a quien la busca de verdad. Su gloria no radica en un milagro exótico, sino en salvar y ofrecer vida donde puede reinar el vacío y la muerte. Esa será su causa, su hora y la razón de su muerte al final de su existencia.

¿Qué es una boda sin amor y alegría? ¿Qué podemos celebrar cuando estamos tristes y nuestro corazón está escaso y vacío de amor? A muchos de nosotros a veces se nos acaba el vino por situaciones económicas, políticas, el miedo que paraliza, la pandemia que sigue amenazando y tantas y tantas situaciones que desilusionan, se escapan de nuestras manos, nos hacen sentir vulnerables e impotentes. Ante tal situación necesitamos del auxilio de Dios, y el de los hermanos, para poder volver al centro y sentido de nuestra vida.

Por eso, como la madre de Jesús, primero, hemos de estar atentos a las necesidades de los demás y ofrecer nuestros dones. Estos son iluminados por la segunda lectura de este día. Dios se vale de la diversidad de dones y ministerios ofrecido a cada ser humano para “provecho común” de todas las personas. Y, segundo, indicar el camino a Jesús: “Hagan lo que él les diga”. Favorecer la experiencia del encuentro con los otros con Dios es una obra de caridad para todos los tiempos.

En definitiva, el problema sería resolver la ausencia del vino en una boda. Esto es esencial, porque, ¿qué es una boda sin amor y alegría? ¿Qué podemos celebrar cuando estamos tristes y nuestro corazón está escaso y vacío de amor? Las palabras de María siguen siendo faro para todos aquellos que pasamos por momentos turbulentos que nos roban la paz y la alegría que sólo Dios nos puede dar: “Haced lo que él os diga”. Sólo así, podemos “contar las maravillas del Señor a todas las naciones”.

Que María bajo su intercesión nos acerque al vino mejor, el que viene de su hijo Jesús.

¡Bendecido domingo!

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