Reflexión III Domingo de adviento

Este domingo, tercero de Adviento, se le llama domingo «Gaudete«, domingo de la alegría, por tanto la liturgia nos invita a estar alegres, la antífona de entrada de la Santa Misa retoma una expresión de san Pablo en la carta a los Filipenses, que dice: «Estén siempre alegres en el Señor; se los repito: estén alegres». E inmediatamente después añade el motivo: «El Señor está cerca» (Flp 4, 4-5). Esta es la clave y la razón de nuestra alegría. 

Al meditar la Palabra de Dios de este domingo, podemos encontrar integralmente el tema de la alegría, como tema central y predominante, característico del tercer domingo del tiempo de adviento, la alegría y la esperanza cristiana que se fundamenta en la pronta y cercana venida del Niño Jesús. 

Me preguntaba… en la coyuntura actual por la que estamos pasando, todos, la entera humanidad, a causa de la pandemia del covid 19, cuando día a día siguen en aumento no solo los nuevos contagios y lo que ello implica, sino las numerosas muertes, el dolor de los deudos, la impotencia de no poder cumplir con los homenajes póstumos a los que estamos acostumbrados y que hoy los protocolos sanitarios no permiten, el desastre económico generalizado, presente en todos los niveles de la sociedad, las cientos de empleos que cada día se pierden a causa de la pandemia, cientos de familias que se quedan sin tener el sustento y el acceso a los bienes básicos de consumo que son necesarios para una vida digna, el aumento significativo de la pobreza y la desnutrición infantil, la desesperación de los enfermos y sus familiares al no tener acceso a los servicios de salud, la falta de medicinas en los hospitales públicos, la incapacidad de los gobiernos, especialmente los de nuestra querida América Latina, la galopante corrupción, la indolencia perversa de la burocracia de nuestros países latinoamericanos, la incapacidad de dar soluciones y respuestas de aquellos que fueron elegidos por nuestros pueblos, para servir a nuestros pueblos, etc., frente a todo este escenario, cabe la pregunta: ¿es posible estar alegres y tener esperanza?.

El Adviento hermanos sacerdotes, como sabemos es precisamente el tiempo para llenarnos de esta alegría. Esta alegría es compatible con el dolor, la enfermedad, los fracasos, las contradicciones, la inseguridad que día a día experimentamos, nuestros miedos, nuestras debilidades… «Yo les daré una alegría que nadie les podrá quitar» (Jn. 16,22). No es un seguro de vida. No nos garantiza que nada nos pasará. Pero sí nos asegura que en todo lo que nos toque vivir, Dios mismo, desde nuestro corazón, será nuestra fuerza, nuestro apoyo, nuestro consuelo, nuestra alegría.

El Adviento es tiempo de alegría, pues en él se vuelve a despertar en el corazón de los creyentes la esperanza del Salvador, y esperar la llegada de una persona amada es siempre motivo de alegría. Este aspecto gozoso está presente en las lecturas bíblicas de este domingo. 

La alegría del cristiano es totalmente distinta de las alegrías superficiales y mundanas, que no llenan el corazón, e incluso tantas veces lo dejan más vacío que antes. Cuando se busca la felicidad fuera del camino que lleva a Dios, al final sólo se halla infelicidad y tristeza. Fuera de Dios o al margen de Él no hay, no puede haber nunca alegría verdadera. 

No podemos esperar épocas sin contrariedades ni sufrimientos para ser felices. Nuestra alegría interior, nuestra vida interior, tiene que aprovechar estas situaciones adversas para crecer en las virtudes, madurar… ser cada día un poco más dignos de nuestra vocación de servicio a la Iglesia y a los hermanos a semejanza de la Sagrada Familia de Nazaret.

La Iglesia, y el mundo necesitan hoy nuevos testigos, nuevos bautistas, que puedan predicar con coraje y sin miedo, a este Dios hecho carne, en estos nuevos desiertos, que son nuestras sociedades actuales tan quebrantadas y divididas, tan frías y oscuras como el invierno romano, tan llenas de egoísmo y superficialidad. Juan Bautista anuncia con valor la alegría de la salvación que viene de Dios y por eso este tiempo del adviento es bendito porque nos prepara para el nacimiento del Hijo de Dios en la carne, son hermosas las palabras del evangelista San Juan, como hemos escuchado, Juan el Bautista: “no era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz”. (Jn 1,8).

Finalmente nos aproximamos a Belén; con la Santísima Virgen María y San José, que con su heroico ejemplo y testimonio nos enseñan a vencer tantas dificultades, la Navidad de este año 2020, será muy diferente de los anteriores años, mucho más recogida, mucho más evangélica, con menos ruido y más silencio, ese silencio de Belén que tantas veces hemos tenido miedo de experimentar, en fin nos aproximados a vivir una Noche Buena más auténtica, y que la alegría cristiana del Emanuel, del Dios con nosotros, renueve nuestros corazones, estemos siempre alegres y llenos de paz y Nuestra Señora de Guadalupe Patrona y Protectora de nuestro Colegio Pio Latino, Madre del Adviento, nos asiste con sus cuidados maternos.                 

Laudetur Jesus Christus.

Por: Angel Wilber Velez Salguero (Ecuador)

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