Solemnidad de Pentecostés (Domingo 23 de mayo)

HECHOS 2,1-11; SALMO 103; 1 GÁLATAS 5, 16-25; JUAN 15, 26-27/16, 12-15

Es el día de Pentecostés. Hace cincuenta días celebrábamos con gozo la gran fiesta de la Resurrección del Señor, su victoria sobre el pecado y sobre la muerte; y hoy, al finalizar este tiempo de Pascua, la Iglesia nos invita a contemplar el cumplimiento de la promesa del Señor, cuando después de subir al cielo, envió sobre sus discípulos el Espíritu Santo, paráclito.

Es un día para celebrar que nosotros no estamos solos, que el Señor ha cumplido su promesa de estas para siempre con nosotros, y para ello nos envió al consolador, al Espíritu de la verdad.

Es lo que escuchábamos en la primera lectura de este día, cincuenta días después de la Pascua, los apóstoles reunidos en Jerusalén, reciben al Espíritu Santo, que transforma sus vidas, que les da la fuerza necesaria para salir a anunciar la Buena Noticia de Jesucristo a todos los hombres.

Hoy, 50 días después de que nosotros celebráramos la Pascua, también estamos reunidos en la espera del Espíritu, porque sabemos que sólo con su fuerza y con su poder podremos hacer realidad eso que cantábamos en el salmo: transformar la faz de la tierra.

Por eso hoy le pedimos al Padre que cumpla en nosotros la promesa del Espíritu, y que Él venga a llenarnos de sus dones, para que nosotros podamos ser valientes testigos del Evangelio y así transformar el mundo.

Hoy le pedimos al Espíritu que nos colme con sus dones, los mismos con los que llenó el corazón de los discípulos y que los llevó a convertirse en anunciadores y constructores del Reino de Dios.

Nosotros, también hoy necesitamos Señor Espíritu de SABIDURÍA, de esa luz divina que nos ayude a mirarlo todo con la luz de Dios, necesitamos esa sabiduría que más que saber es sabor de Dios, porque más que saber es vivir y hacer experiencia de Dios. 

Nuestra Iglesia necesita Señor Espíritu de ENTENDIMIENTO, de ese entendimiento divino que nos ayuda a comprender la verdad de Dios y a hacerla realidad en nosotros, necesitamos Espíritu de entendimiento que nos lo recuerde todo, Espíritu de la verdad que nos ayude a descubrir a Dios que nos sigue hablando y que se sigue revelando.

Le pedimos al Señor nos Regale Espíritu de CONSEJO, que ilumine nuestra conciencia en las decisiones diarias, que nos ayude en la Iglesia a buscar lo justo, lo agradable a Dios.

Envíanos Señor Espíritu de CIENCIA, que nos ayude a descubrir al creador en sus creaturas, y que nos permita ver a Dios que se manifiesta en nuestra historia.

Necesitamos Señor también Espíritu de PIEDAD, que nos ayude a vivir en nosotros la ternura de Dios, y que sintiéndonos amados por Él, vayamos llevando su amor a tantos que lo necesitan.

El mundo necesita Señor Espíritu de FORTALEZA, que nos regale valentía para afrontar los retos que nos propone el mundo, buscando obrar siempre y valientemente lo que Dios quiere de nosotros. 

Regálanos Señor Espíritu de TEMOR DE DIOS, que nos haga amarlo a Él sin medida, que nos haga temer por perderlo, que nos ayude a entender que sólo en Él tiene sentido nuestra vida.

Nuestra Iglesia necesita, Señor, la fuerza del Espíritu Santo, que por medio de sus dones vuelva a hacer entre nosotros los prodigios de aquel Pentecostés y que suscite en nosotros la novedad del amor.

Regálanos Señor tu Espíritu, que avive la Iglesia con los dones y carismas de hombres y mujeres nuevos, servidores de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y que desde su vocación concreta devuelvan a la Iglesia el rostro alegre y esperanzador del Evangelio, Regálanos el Espíritu que transforme nuestra vida y nos permita ser testigos de la esperanza para un mundo que parece haberla perdido.

Regálanos Señor, Espíritu Santo, que en un nuevo Pentecostés suscite en la Iglesia hombres y mujeres santos, testigos creíbles del Evangelio, para que viendo su testimonio el mundo crea y creyendo se salve.

Que el espíritu Santo, don en tus dones espléndido nos haga santos, esa es nuestra súplica de este día; que nos haga santos para el tercer milenio, santos para una Iglesia renovada, para comunicar al mundo el gozo del encuentro con Jesús.

Desciende santo Espíritu, ven sobre nosotros, ven sobre tu iglesia y renuévanos en santidad, para que siendo testigos de tu amor, renovemos en esperanza la faz de la tierra. Amén.

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